La emergencia climática y el papel positivo que pueden jugar los inversores

7 min de lectura 9 nov 20

El cumplimiento de los compromisos globales sobre cambio climático requiere tomar medidas urgentes esta década. En este contexto, existen oportunidades interesantes a largo plazo para compañías capaces de acelerar de forma activa la transición hacia una economía de bajas emisiones de carbono.

Por favor consulte el glosario para una explicación de los términos de inversión que aparezcan en este artículo.

El cambio climático plantea un peligro real e inminente para el bienestar de la gente y para el planeta, y la próxima década presenta una ventana crítica en la cual podemos determinar su trayectoria. Será crucial que aprovechemos esta oportunidad ahora para cambiar de rumbo.

Si logramos situar las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) en una trayectoria descendente de cara a 2030, quizá podamos controlar el aumento de las temperaturas globales hasta niveles limiten el impacto del clima en los ecosistemas naturales y la salud humana. Para ello no solo tendremos que cambiar nuestro comportamiento, sino también invertir en gran medida —y con apremio— en la transición hacia una economía con bajas emisiones de dióxido de carbono.

En mi opinión, las empresas capaces de proporcionar soluciones al mayor desafío al que se enfrenta el planeta pueden presentar oportunidades atractivas a los inversores con horizontes a largo plazo. A su vez, estos pueden contribuir a la solución de la emergencia climática.

Lo que nos dice la ciencia

La pandemia de COVID-19 ha paralizado gran parte de la sociedad global en 2020. Al mismo tiempo, los efectos dramáticos del cambio climático han continuado sin cejar, poniendo en peligro a hábitats naturales, a la población mundial y a la economía.

En un año en que un número récord de incendios forestales han arrasado la costa oeste de los Estados Unidos hasta el círculo ártico en Siberia, la temporada de huracanes en el Atlántico ha sido tan activa que a comienzos de septiembre ya se habían utilizado todas las letras del alfabeto para bautizar tormentas. Todo apunta a que el periodo de cinco años de 2016 a 2020 habrá sido el más cálido de la historia.

Pese al bajón económico de 2020, las concentraciones de GEI como el dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera se hallan en máximos históricos y continúan subiendo[1]. Estas emisiones de la actividad humana están impulsando el cambio climático, y sin una actuación sostenida para reducirlas, la ONU estima que la temperatura media en la superficie del mundo superará los 3° C por encima de los niveles preindustriales de cara al fin del siglo XXI[2].

En el marco del Acuerdo de París de 2015 sobre cambio climático, los países firmantes se comprometieron a mantener dicha subida sobradamente por debajo de los 2° C, y a esforzarse para limitar la subida a 1,5° C, un nivel en el que los riesgos e impacto del cambio climático son mucho más bajos. Según el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC), una subida de la temperatura de 2º C exacerbaría la incidencia de fenómenos climáticos extremos, la subida del nivel del mar, el descenso del hielo ártico, el blanqueamiento del coral y la pérdida de ecosistemas

Un momento para la ambición… y para actuar

La toma de medidas transformativas ya no puede aplazarse más. En 2019, la ONU estimó[3] que las emisiones globales deberían caer una media del 7% cada año desde 2020 hasta 2030 para poder lograr el objetivo de 1,5º C. De cara a 2050, debemos lograr cero emisiones netas de GEI a nivel mundial. Superar este reto requiere reducciones profundas y de gran calado en las emisiones en todos los aspectos de la economía. Un examen de las principales fuentes de GEI nos revela dónde las soluciones pueden tener el mayor impacto.

Fuente: Project Drawdown.

Existen algunos elementos de la ecuación climática —como por ejemplo reducir el despilfarro de alimentos y volar con menor frecuencia— que podemos abordar individualmente mediante decisiones en nuestra vida cotidiana, pero las decisiones sobre nuestro estilo de vida solo pueden recortar las emisiones hasta cierto punto.

Alterar el rumbo del cambio climático requiere encontrar y adoptar fuentes energéticas alternativas y formas más eficientes de producir bienes y servicios, lo cual requerirá una inversión enorme. La Agencia Internacional de la Energía (AIE) estima que tendrán que invertirse en torno a 1,3 billones de dólares[4] anuales para poder lograr el Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) nº 7 de la ONU (energía asequible y no contaminante para todos) de cara a 2030. 

Invertir en las soluciones

En un mundo cada vez más consciente de lo apremiante del desafío al que nos enfrentamos, creemos que existen oportunidades interesantes a largo plazo para compañías capaces de acelerar de forma activa la transición hacia una economía de bajas emisiones de carbono.

Yo percibo tres áreas clave donde las empresas pueden tener un impacto positivo en la lucha contra el cambio climático. La primera engloba a aquellas actividades o innovaciones que recortan directamente las emisiones de GEI.

Las energías alternativas son un sector obvio para la inversión. Sustituir combustibles fósiles con un alto contenido de carbono por electricidad verde, generada por el viento y el sol, realizaría la mayor contribución individual al logro de los objetivos climáticos a nivel global. Otros candidatos de inversión quizá menos obvios son los componentes y sistemas que mejoran la eficiencia energética, y que con ello reducen las emisiones.

El segundo grupo de empresas con impacto son aquellas cuyas soluciones reducen la capacidad contaminante de la industria y del transporte, que en su conjunto representan un 35% de las emisiones. Esto puede incluir a firmas cuyas tecnologías apuntalan el futuro de la movilidad o del almacenamiento de energía.

En tercer lugar, las compañías que contribuyen a una economía más circular (eliminando residuos y contaminación desde el diseño, manteniendo productos y materiales en uso el máximo tiempo posible y regenerando los sistemas naturales) también pueden jugar un papel importante en la transición hacia una economía con niveles reducidos de emisiones y de uso de recursos.

Abordando la emergencia climática

Los riesgos de la inacción climática son evidentes y crecientes. El coste de la violencia climática está aumentando: tres de los huracanes atlánticos más costosos de la historia han tenido lugar desde 2017.

Debemos comprender cómo las inversiones están expuestas a los riesgos asociados con el cambio climático, pero también de qué modo pueden aprovechar las oportunidades que este representa. Si las compañías no actúan, se perderán las posibilidades de éxito que ofrece el abordar este reto.

No tiene por qué existir una disyuntiva entre el beneficio y el planeta. Cuando las empresas son capaces de proporcionar soluciones que mitigan el cambio climático, sus accionistas pueden aspirar a lograr rentabilidades financieras sostenibles y contribuir a su impacto manifiestamente positivo sobre el planeta y el ser humano.

El valor y los ingresos de los activos del fondo podrían tanto aumentar como disminuir, lo cual provocará que el valor de su inversión se reduzca o se incremente. Es posible que no recupere la cantidad invertida inicialmente.

Los puntos de vista expresados en este documento no deben considerarse como una recomendación, asesoramiento o previsión. No podemos ofrecerle asesoramiento financiero. Si no está seguro de que su inversión sea apropiada, consúltelo con su asesor financiero.

Esta información no constituye una oferta ni un ofrecimiento para la adquisición de acciones de inversión en cualquiera de los fondos de M&G. Promoción financiera publicada por M&G International Investments S.A. Domicilio social: 16, boulevard Royal, L‑2449, Luxembourg.

 

[1] https://www.unenvironment.org/news-and-stories/press-release/united-science-report-climate-change-has-not-stopped-covid19

[2] https://www.un.org/sustainabledevelopment/climate-action/

[3] https://www.unenvironment.org/news-and-stories/press-release/united-science-report-climate-change-has-not-stopped-covid19

[4] https://sustainabledevelopment.un.org/content/documents/24090pb3_cover.pdf

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