Por qué la inversión de impacto no es beneficencia, y cinco mitos más

2 min de lectura 6 may 21

Por favor consulte el glosario para una explicación de los términos de inversión que aparezcan en este artículo.

Además de ser realmente excitante, la inversión de impacto también tiene un enorme potencial para abordar algunos de los mayores retos a los que se enfrenta el mundo. Así, sería una verdadera lástima que su crecimiento se viera frenado por ideas erróneas que han echado raíces en la mente de muchas personas.

Presumiblemente, su origen es la noción de que la inversión de impacto consiste en dedicar el dinero a hacer el bien, y no a generar beneficio: en otras palabras, una forma de beneficencia. Por supuesto, este no es el caso. El objetivo de la inversión de impacto es lograr un fin social o medioambiental junto a una ganancia financiera, no en lugar de ella.

A continuación les presentamos las falacias más habituales sobre la inversión de impacto que es necesario despejar.

Mito 1: la inversión de impacto supone renunciar a rentabilidad

Como es natural, a la hora de invertir no hay garantías, pero no existen pruebas de que la inversión de impacto conduzca necesariamente a rentabilidades financieras más bajas en el largo plazo. Esto no debería sorprender a nadie, dado que la búsqueda de rentabilidad tiene la misma prioridad que la generación de impacto. Al fin y al cabo, ¿por qué no deberían una compañía y sus accionistas tener éxito financiero si esta genera ventajas sociales positivas a través de su negocio?

Estos dos objetivos pueden (y deberían) ir de la mano. Es indudable que hay oportunidades milmillonarias para empresas innovadoras capaces de ofrecer soluciones para los desafíos a los que se enfrentan la sociedad y el planeta. Además, las compañías socialmente responsables deberían ya cumplir por defecto unas normativas cada vez más estrictas y beneficiarse de la tendencia hacia un consumo más consciente.

Mito 2: la inversión de impacto implica más riesgo de inversión

Todas las inversiones conllevan riesgo de pérdidas, por supuesto, pero los riesgos siempre guardan relación con aquello en lo que uno invierte. No hay ninguna razón obvia por la que invertir en busca de impacto signifique que nuestro dinero corre más riesgo que con un enfoque concentrado exclusivamente en la generación de rentabilidad financiera.

Un error común es pensar que todas las compañías con impacto son empresas emergentes con grandes sueños y cero beneficios: la imagen arquetípica de una inversión de alto riesgo. Al contrario, creemos que los grandes líderes sectoriales (a menudo inversiones más estables y de menor riesgo) pueden tener un tremendo impacto positivo en la sociedad o el medioambiente, debido a su tamaño.

Pasos incrementales como procesos más eficientes pueden tener un efecto transformador cuando se toman a escala. Las compañías ya establecidas que impulsan y normalizan el impacto en sus respectivas industrias pueden jugar un papel de liderazgo capaz de llevar a sus homólogas a adoptar iniciativas de impacto de gran calado y a largo plazo. Las empresas también pueden jugar un papel facilitador, proporcionando a otras las herramientas (como software o tecnología) que les permiten generar cambio positivo.

Mito 3: la inversión de impacto es difusa

En ocasiones, a la inversión de impacto se la acusa de no tener la disciplina analítica de los enfoques tradicionales. Si bien es cierto que puede carecer de criterios comunes al tratarse de una disciplina relativamente joven, esto no significa que le falte rigor.

Aplicar un marco efectivo proporciona más que tranquilidad de conciencia: de tener éxito, puede ofrecer un proceso repetible para gestionar el riesgo e identificar oportunidades de inversión. Además de evaluar el impacto que tiene una compañía a través de sus actividades, podemos intentar determinar en qué medida las empresas se proponen abordar explícita y genuinamente un problema que afecta a la sociedad o al medioambiente.

Pero sobre todo, este análisis de impacto e intencionalidad debería efectuarse junto al análisis de la tesis de inversión, y no en lugar de este.

Mito 4: el impacto no puede medirse

Hay que admitir que medir el impacto no es tan claro o sencillo como medir la rentabilidad financiera, pero esto no significa que no sea posible hacerlo de forma significativa.

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) definidos por Naciones Unidas, que articulan los retos sociales y medioambientales más acuciantes del mundo, son un punto de referencia útil y universal para los inversores de impacto. Al tratarse de los desafíos más importantes a los que se enfrentan las personas y el planeta, cabe afirmar que las compañías que contribuyen a su logro tienen un impacto positivo.

Para medir la envergadura de este impacto, podemos determinar indicadores clave de desempeño alineados con un ODS específico relevantes para las actividades de un negocio. Por ejemplo, podemos medir el impacto de una empresa de energías renovables en términos de las emisiones de dióxido de carbono que ahorra. Midiendo su desempeño a lo largo del tiempo, podemos medir el avance de la compañía hacia el logro de los ODS.

Mito 5: usted no puede marcar la diferencia

A la hora de invertir en acciones cotizadas, la diferencia que marcamos con nuestra inversión (conocida como «adicionalidad») puede entenderse considerando el impacto efectuado por la compañía en la que invertimos.

Como prueba de adicionalidad, podríamos preguntarnos cómo sería el mundo si esa empresa en concreto no existiera, y considerar si tiene algún know-how tecnológico o huella de impacto que a una nueva compañía le resultara difícil reproducir. Como accionista propietario de un porcentaje de su capital social, usted puede contribuir a hacer realidad ese impacto positivo.

El valor y los ingresos de los activos del fondo podrían tanto aumentar como disminuir, lo cual provocará que el valor de su inversión se reduzca o se incremente. Es posible que no recupere la cantidad invertida inicialmente.

Los puntos de vista expresados en este documento no deben considerarse como una recomendación, asesoramiento o previsión. No podemos ofrecerle asesoramiento financiero. Si no está seguro de que su inversión sea apropiada, consúltelo con su asesor financiero.

Esta información no constituye una oferta ni un ofrecimiento para la adquisición de acciones de inversión en cualquiera de los fondos de M&G. Promoción financiera publicada por M&G International Investments S.A. Domicilio social: 16, boulevard Royal, L‑2449, Luxembourg. 
Por Ben Constable-Maxwell

Related insights