Autocomplacencia del mercado ante los crecientes riesgos macroeconómicos

5 min de lectura 5 abr. 22

Exclusivamente para inversores profesionales.

La evolución del mercado

Los mercados de renta variable se han recuperado desde principios de marzo, con el índice MSCI AC World acumulando una caída de menos del 6% (en dólares) en lo que va de año. Creemos que los inversores están siendo demasiado autocomplacientes con respecto a los riesgos a los que nos enfrentamos y deberían actuar con prudencia en su exposición a renta variable.

El contexto de los mercados ha cambiado considerablemente desde que el ejército ruso invadió Ucrania en la última semana de febrero. Anteriormente, la inflación era elevada y parecía más persistente de lo que el mercado había previsto inicialmente, pero las perspectivas de la demanda global y crecimiento económico siguieron siendo positivos. Los argumentos a favor de la renta variable ya no eran tan firmes como a principios de 2021, pero la clase de activos seguía resultando atractiva desde el punto de vista de las valoraciones relativas. 

A principios de 2022, la volatilidad del mercado supuso una oportunidad para comprar, por lo que tenía sentido mantener «munición» para aprovechar los desajustes injustificados de los precios. Dada la diferente exposición de las compañías a la inflación de costes y la presión sobre la rentabilidad en los balances, lo importante era ser selectivos.

Desde finales de febrero, las cosas han cambiado para los inversores, pues es probable que las consecuencias de la invasión de Ucrania y las consiguientes sanciones a Rusia tengan efectos más duraderos que otros acontecimientos geopolíticos de los últimos años.

Al analizar las consecuencias generales de la guerra, es importante no olvidarse del alcance de la tragedia humana, por lo que no dejamos de pensar en el pueblo de Ucrania y todas las personas afectadas por el conflicto.

Resultados dicotómicos

Desde una perspectiva macroeconómica, los acontecimientos actuales podrían tener dos desenlaces distintos. O el conflicto se prolonga y las sanciones correspondientes se mantienen en un futuro inmediato o se alcanza una solución pronto.

Si el conflicto se prolonga, podríamos enfrentarnos a una espiral inflacionista, lo que podría lastrar la economía global, con precios elevados en las materias primas, que llegarían a la cadena de suministro y frenarían la demanda. Esto contribuiría a los existentes problemas del suministro, lo que podría desencadenar una recesión más allá de las fronteras europeas. 

Ya hemos visto los primeros indicios, si no de destrucción de la demanda, de al menos una erosión de la misma. En las recientes conferencias de presentación de resultados trimestrales, las compañías relacionadas con el consumo del Reino Unido, resto de Europa y EE. UU. han venido alertando de un debilitamiento de la demanda en el primer trimestre. Desde empresas de mobiliario para el hogar hasta firmas de moda y deportes, las compañías han mencionado la menor confianza de los consumidores como factor que ha reducido los volúmenes de ventas y prevemos una mayor presión sobre el consumo privado en 2022, a medida que se acaben los pagos de ayudas relacionadas con la COVID-19 y la inflación y las subidas de precio empiecen a comprimir los presupuestos.

El presidente de Taiwan Semiconductor Manufacturing Company (TSMC), el valor insignia del sector de los semiconductores, comentó también la semana pasada que la compañía veía indicios de desaceleración de la demanda de electrónica de consumo (p. ej., smartphones, ordenadores personales y televisores) ante la incertidumbre geopolítica y los confinamientos relacionados con la COVID-19 en China1.

Si nos fijamos en los datos semanales de la demanda de gasolina en EE. UU., es posible que estemos empezando a ver indicios de destrucción de la demanda también ahí. 

En la diapositiva siguiente (gráfico de la izquierda), la zona sombreada en verde representa el intervalo de cinco años anterior a la COVID-19 , mientras la línea rosa representa la media. La demanda de gasolina en lo que va de año en EE. UU. aparece representada por una línea azul oscuro, en la que empezamos a ver una tendencia a la baja a medida que los precios de la gasolina han aumentado en las últimas semanas, por encima de los precios máximos alcanzados a mediados de 2008 (gráfico de la derecha). 

Si el conflicto se prolonga, es probable que los precios de la energía sigan siendo elevados, haciendo aún más mella en los ingresos de los consumidores. El anuncio de una nueva liberación de las reservas en EE. UU. del pasado 31 de marzo podría tener un impacto a corto plazo en los precio del petróleo, pero es poco probable que tenga un efecto a más largo plazo, dado el carácter provisional del suministro. Los dos intentos de liberar reservas estratégicas en el último año no han logrado reducir los precios a largo plazo, sino que estos reaccionan en cambio a la alta demanda global, a los problemas del suministro, las escasas reservas y al aumento limitado de la oferta. Aunque la administración Biden están animando al sector del petróleo de esquisto estadounidense para que realice más perforaciones, la puesta en marcha física de la producción requiere mucho tiempo. A la larga debería dar lugar a un aumento de la producción, pero es poco probable que la oferta estadounidense aumente hasta el cuarto trimestre de 2022.

A nivel global, el índice de confianza del consumidor de la OCDE ya venía cayendo desde mediados del año pasado, cuando empezó a retirarse el respaldo fiscal relacionado con la COVID-19 y la incertidumbre macroeconómica aumentó. Creemos que va seguirá dosminuyendo. 

Por otro lado, una resolución inmediata de la guerra en Ucrania, podría revertir parte de las presiones inflacionistas, además de ofrecer cierto alivio a los mercados globales. Sin embargo, hemos de definir lo que significa «resolución», ya que una mejora de la intensidad del conflicto ―algo claramente esperado desde el punto de vista humanitario― no conllevaría necesariamente un levantamiento inmediato de las sanciones. Una opinión que comparten las autoridades del Reino Unido, EE. UU. y la UE, las cuales no han querido incluir la reducción de las sanciones en la agenda de las conversaciones de paz. 

Aunque las recientes medidas han sido recibidas con escepticismo en algunos ámbitos, los mercados han reaccionado positivamente a las noticias de desescalada de las operaciones militares rusas (sobre todo en torno a la capital de Ucrania, Kiev) y se ha llegado a acuerdos de alto al fuego para permitir corredores humanitarios que permitan evacuar a la población civil de las zonas de conflicto. En la práctica, toda desescalada sería positiva y podría ofrecer alivio inmediato a las bolsas, pero no necesariamente a la economía global.

¿Cómo deberían responder los inversores?

En adelante, el indicador clave al que prestar atención será la inflación: qué la desencadena y cómo responden los bancos centrales. El riesgo de error en la política sigue siendo real, ante la posibilidad de nuevos sobresaltos a corto plazo y con multitud de datos contrapuestos que influyen en la toma de decisiones.

En un mundo caracterizado por la alta inflación, el oro y las materias primas tienden a despuntar. Sin embargo, dado el punto al que han llegado los precios de las materias primas hasta la fecha ―en marzo, el petróleo Brent alcanzó sus niveles más altos desde mediados de 2008 y el índice general Refinitiv CRB Commodities marcó máximos en más de una década―, una resolución del conflicto podría provocar una fuerte caída de los precios de las materias primas desde los niveles actuales, aunque podrían seguir por encima de las cotas anteriores al conflicto, dependiendo de la duración de las sanciones y cuánto duren las preocupaciones geopolíticas. No olvidemos que una de las principales consecuencias del conflicto entre Rusia y Ucrania probablemente será el reajuste del riesgo geopolítico. A medida que los bancos centrales de todo el mundo tratan de controlar la inflación y la presión sobre los precios da lugar a una mayor destrucción de la demanda, aumenta el riesgo de estanflación y/o de recesión.

En una recesión, la renta variable tiende a comportarse peor. En ese contexto, cabría esperar que el mercado bursátil estadounidense superara al resto de regiones, dada la sensación de que ofrece mayor calidad y mayor capacidad de protección, además de estar respaldado por los flujos de capital hacia el dólar estadounidense.

En esta situación, cabría esperar que Europa y los mercados emergentes quedaran rezagados con respecto a EE. UU., pero los mercados que los componen podrían reaccionar de forma diferente. Los mercados emergentes no son una clase de activos homogénea, por lo que hay que hacer distinciones entre unos países y otros. Los países que dependen de la importación de materias primas, como la India, se verán perjudicados si el conflicto persiste. En cambio, los países exportadores de materias primas y los que cuentan con balances relativamente saneados (donde «relativamente» es el factor clave), como Sudáfrica y Oriente Medio, probablemente se comportarían mejor en caso de que el conflicto se prolongase.

Si el conflicto se resolviese a corto plazo ―y las presiones inflacionistas no tuviesen tiempo para afectar a la demanda de forma permanente y provocar una recesión en la economía mundial―, cabría esperar que el mercado bursátil estadounidense resultase menos atractivo que el resto del mundo, debido a las mayores valoraciones.

2022 se perfila así como un año muy imprevisible. Ante los resultados dicotómicos, los inversores pueden tratar de protegerse de tres maneras:

  • Mantener una cartera diversificada
  • Ser selectivos y centrarse en las compañías que puedan hacer frente a la presión sobre los costes y que cuenten con balances sólidos
  • En la renta variable, apostar por los temas a largo plazo, que seguirán prevaleciendo, independientemente de los resultados a corto plazo. Por ejemplo, las infraestructuras y el ecosistema de bajas emisiones de carbono.

A corto plazo ―con el aumento de las tensiones geopolíticas que contribuyen a un entorno ya de por sí incierto, los confinamientos en China que elevan la preocupación por el debilitamiento de la producción y la demanda, las persistentes presiones inflacionistas que desafían a los bancos centrales, y el aumento de los precios, que empieza a mermar los presupuestos de las familias―, puede que los mercados estén siendo demasiado autocomplacientes ante los crecientes riesgos. Para nosotros, la respuesta es seguir siendo selectivos y mantener la diversificación.

El valor de las inversiones fluctuará, lo que hará que los precios bajen o suban y es posible que no recupere la cantidad invertida inicialmente.  Cuando se mencionen rentabilidades, tenga en cuenta que las rentabilidades pasadas no son un indicativo de las rentabilidades futuras. Los puntos de vista expresados en este artículo no deben considerarse como una recomendación, asesoramiento o previsión.  

1 Fuente: https://asia.nikkei.com/Spotlight/Supply-Chain/TSMC-says-demand-for-smartphones-PCs-starting-to-slow

El valor y los ingresos de los activos del fondo podrían tanto aumentar como disminuir, lo cual provocará que el valor de su inversión se reduzca o se incremente. Es posible que no recupere la cantidad invertida inicialmente.

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