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El cambio climático va a afectar a todas las facetas de nuestras vidas, y las estaciones de esquí ya están notando sus efectos. Con menos nieve debido al aumento de las temperaturas, el futuro del esquí podría ser muy diferente a nuestra experiencia actual. Patrick Thorne, también conocido como The SnowHunter, expone su opinión sobre el futuro del esquí, desde la nieve artificial al esquí en espacios cubiertos.

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Los últimos cuatro años han sido los más cálidos desde el período cálido medieval, y todo apunta a que 2018 será el quinto. Para los aficionados a los deportes de nieve, las perspectivas a largo plazo no parecen buenas a primera vista.

Las estaciones continúan experimentando enormes fluctuaciones en las precipitaciones de nieve, y algunas todavía registran récords históricos. En Suiza, por ejemplo, enero de 2018 fue uno de los más blancos que se recuerdan: estaciones como Zermatt quedaron plenamente incomunicadas, y las enormes nevadas colocaron el peligro de avalanchas en niveles máximos. Pero tan solo 14 meses antes, en diciembre de 2016, la región suiza de Jungfrau –con las estaciones clásicas de Mürren, Wengen y Grindelwald– experimentó el mes más seco desde que comenzaran a realizarse mediciones hace más de un siglo.

Acontecimientos como estos encajan con los escenarios pronosticados por estudios científicos, un crecimiento de extremos climáticos unidos a una tendencia hacia temperaturas más altas.

Otra señal clara es el rápido descenso del tamaño de los glaciares. Incluso la que fuera «la estación de esquí más alta del mundo», en Chacaltaya, Bolivia –a más de 5000 metros de altura en los Andes– cerró sus puertas en 2012 al derretirse el glaciar en el que estaba ubicada.

Las estaciones de esquí responden

No obstante, también hay buenas noticias. Estaciones de esquí de todo el mundo están respondiendo con rapidez, tomando medidas innovadoras para cambiar el modo en que gestionan sus recursos y amplían su oferta para respaldar el futuro a largo plazo de estos lugares tan preciados. Y están teniendo un éxito considerable.

La estación austriaca de Kitzbühel es un buen ejemplo. En 2006, la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) financió un gran estudio sobre el cambio climático que, entre otras conclusiones, pronosticó que las temporadas de esquí se acortarían, que las precipitaciones de nieve serían menos predecibles, y que las áreas con menor altitud se verían afectadas más pronto que las de mayor elevación.

Los medios de comunicación centraron inmediatamente su atención en Kitzbühel, una de las áreas de esquí de menor altura de los Alpes: su centro se halla a 800 metros por encima del nivel del mar, y su cota más alta apenas alcanza los 2000 metros. El otro extremo es Val d'Isère, una estación francesa a una altitud de 1850 metros con remontes que llegan hasta la cota de 3550 metros. En su momento, Bruno Abegg, un investigador de la Universidad de Zurich implicado en el informe de la OCDE, comentó en The New York Times que «por decirlo de alguna manera, yo no invertiría en Kitzbühel».

Kitzbühel, organizador del Descenso del Hahnenkamm –la mayor carrera anual de esquí del mundo– respondió publicando datos de precipitación de nieve de los últimos 50 años, en los que apenas hay señales de volúmenes decrecientes.

En años recientes, la estación ha logrado incluso ampliar su temporada hasta ser la de mayor duración en los Alpes para una estación sin glaciar: 200 días (más de la mitad del año) desde mediados de octubre hasta comienzos de mayo. En parte, lo consigue cultivando nieve.

¿Cultivar para el futuro?

Snow plough bashing the piste

El snow farming, o cultivo de nieve, es una práctica cada vez más extendida que responde a una doble presión sobre los operadores de estaciones de esquí: la perspectiva de descenso de la cantidad de nieve y un mercado cada vez más voluble, donde el cliente potencial es capaz de comprobar instantáneamente cuánta nieve hay en las pistas a través de las redes sociales.

Actualmente, una estación de esquí no puede permitirse no presentar pistas inmaculadamente blancas desde el primer día de la temporada.

De este modo, en lugar de depender de que nieve a tiempo y copiosamente cada otoño, un número creciente de estaciones están tratando de gestionar sus «activos blancos» de forma más eficiente, recurriendo al cultivo de nieve.

Básicamente, esta técnica consiste en apilar toneladas de nieve al finalizar la temporada de esquí en una zona protegida del sol, cubrirla con lonas gigantes (y a veces arena o serrín) y esperar a que pasen los meses cálidos del verano.

Aparentemente se derrite poca nieve (quizá una cuarta parte del volumen), y la calidad de la nieve cultivada en otoño parece ser buena, tras haberse «secado» durante el verano. La lista de estaciones que cultivan nieve está creciendo, e incluye a clásicos como Courchevel, Davos y Kitzbühel, pese al esfuerzo y su coste (que una estación cuantifica en torno a los 143.000 euros.

Una vez repartida nuevamente en las pistas cuando caen las temperaturas en otoño, forma la base para nieve tanto artificial como natural, con lo que la temporada puede ponerse en marcha antes de lo habitual.

Un modelo de negocio similar es el de «fábricas de nieve», máquinas que generan nieve en una gran unidad articulada a partir de aire y agua, que a continuación se dispersa en las pistas con independencia de la temperatura ambiente.

El problema de ambos sistemas es que solamente pueden cubrir una superficie limitada comparado con el tamaño total de una estación convencional, que puede alcanzar miles de hectáreas. No obstante, esto podría cambiar.

«De cara a los próximos 15 o 20 años, la principal diferencia en los Alpes la marcarán probablemente los avances en la fabricación de nieve artificial, que además de usar menos agua pueden operar con temperaturas ambiente más elevadas», confirma Richard Sinclair, director de la agencia de viajes de esquí SNO.co.uk.

«Ya existen cañones de nieve capaces de operar por encima de los cero grados, con lo que la clave será lograr abaratar su funcionamiento. En algunos lugares se está generando nieve en pleno verano, con lo que ya ha comenzado a especularse sobre la posibilidad de convertir montañas y colinas que previamente no albergaban deportes de invierno en pistas y estaciones de esquí.»

De blanco a verde

Por lo demás, las estaciones están invirtiendo considerablemente en tecnologías verdes para convertirse en destinos con emisiones neutras de carbono. Un estudio de 250 de las principales áreas esquiables del mundo llevado a cabo por el grupo de presión Save Our Snow reveló que más de una cuarta parte ya han alcanzado la neutralidad de carbono. Muchas de estas estaciones generan energía eólica o hídrica, y en algunos casos exportan la energía verde excedente a la red eléctrica.

En febrero, la estación californiana de Squaw Valley –que albergó los Juegos Olímpicos de Invierno en 1960– anunció que utilizará exclusivamente energía solar para sus actividades a partir de esta temporada invernal. La estación estadounidense pagará 325.000 dólares adicionales en su factura de la electricidad en el primer año, para ayudar a acelerar la transición de energía renovable asequible, tanto para la estación como para 49.000 residentes de la región.

Muchas estaciones de mayor tamaño tienen personal especializado y procedimientos medioambientales detallados para integrar la lucha contra el cambio climático en todas sus actividades. En la estación suiza de Laax, esta política se llama Green Style y su gestión corre a cargo de Reto Fry, director medioambiental de Weisse Arena Gruppe: «Aunque gran parte de nuestra área de esquí está actualmente asegurada de nieve por encima de los 2000 metros sobre el nivel del mar, ya estamos sufriendo las consecuencias del cambio climático, y las temporadas de invierno son cada vez más cortas», afirma. «Por este motivo, queremos convertirnos en un destino turístico abierto los 365 días del año».

Inversión en instalaciones para todo el año

View from top of ski jump

Un factor determinante del futuro de las estaciones de montaña es su potencial de negocio veraniego. El antiguo sueño de lograr que las comunidades de montaña se conviertan en destinos más equilibrados durante todo el año parece estar haciéndose realidad, pues cada vez más gente busca el aire fresco de la montaña.

«Si el cambio climático continúa, estamos seguros de que todavía será posible esquiar en la década de 2030 en Kitzbühel, aunque las vacaciones veraniegas en regiones alpinas están ganando claramente importancia», afirma Sylvia Brix de Bergbahn AG, una operadora de remontes de la estación.

Las estaciones de esquí están invirtiendo mucho en atracciones para todo el año, como por ejemplo tirolinas y toboganes de montaña, una especie de montaña rusa a la que se accede con un telesilla.

Asimismo, también están sacando partido a sus activos naturales –remontes hasta lugares elevados– para atraer a adeptos a la aventura durante todo el año. En los últimos años se han inaugurado numerosos miradores a gran altura y puentes suspendidos en los Alpes, no aptos para quienes sufren de vértigo: en el Aiguille du Midi, una montaña de 3842 metros de altura en Chamonix, es posible «salir» a una caja de cristal suspendida a más de 1000 metros por encima de la ladera. Y ahora, Tignes (Francia) y el glaciar de Dachstein (Austria) ofrecen al público la posibilidad de sentirse como James Bond en el techo de un teleférico (aunque en un «balcón» más seguro anclado al mismo).

No obstante, otras han ido todavía más allá. La estación francesa de Avoriaz, propiedad de la misma compañía matriz que el operador de centros vacacionales Center Parcs, ha trasladado algunas de estas mismas tecnologías a las pistas de esquí. En 2012 inauguró Aquariaz, el primer centro acuático tropical de montaña: bajo una gigantesca cúpula de cristal, con una enorme oferta de atracciones de agua y un balneario, el parque alberga a más de 1500 plantas y 183 árboles tropicales.

El mayor gasto de las estaciones –decenas de millones de euros– es en grandes y cómodas telecabinas que pueden utilizarse todo el año, desde esquiadores y ciclistas de montaña hasta familias con bebés en carritos de niño y personas en silla de ruedas. También se invierten enormes sumas de dinero en balnearios y parques acuáticos temáticos.

Todas estas instalaciones tienen una doble ventaja: para las estaciones, amplían su atractivo tanto en invierno como en verano; y para los visitantes, ofrecen muchas opciones adicionales para unas vacaciones de invierno más completas, no limitadas al esquí o el snowboard, con lo que tales destinos son más interesantes para grupos con gente que no practica deportes de nieve.

¿Se practicará el esquí del futuro en espacios cubiertos?

Mucha gente todavía cree que Ski Dubai es el único centro de esquí cubierto del mundo, pero de hecho, en las últimas tres décadas se han construido más de 100 de estas instalaciones en más de 30 países de 6 continentes.

La construcción ha despegado en los últimos años, y ya solo en China se han edificado más de 20 centros de esquí de este tipo. Uno de ellos, inaugurado en la ciudad de Harbin (en el noreste del país) en 2017, es el mayor del mundo: descrito como una «estación de esquí cubierta», tiene una superficie de 80.000 m2 y seis pistas de distinta dificultad. Se rumorea que su construcción costó 4000 millones de euros.

Las pistas cubiertas también son cada vez más largas, con propuestas de hasta 2 km hasta la fecha. El complejo Meydan One –actualmente en construcción en Dubái– propuso originalmente una pista de 1,2 km de longitud, aunque los informes indican que desde entonces se ha reducido a 750 metros. Pese a ello, de momento seguiría siendo la más larga del mundo, superando los 620 metros de la pista de Amneville (norte de Francia) y los 640 metros de AlpinCenter (en Bottrop, Alemania).

Aunque muchos esquiadores consideran que los centros cubiertos ofrecen demasiado poco esquí como para tomárselos en serio, estas instalaciones han permitido a mucha gente iniciarse en los deportes de invierno cerca de donde vive y de forma asequible. En algunos países, la gente ha visto, tocado y probado la nieve por primera vez en su vida gracias a un centro de este tipo. La organización Snow365 ha calculado que más de 10 millones de personas han aprendido a esquiar de esta forma, para luego optar por la industria del esquí convencional gracias a estos centros.

Varias de estas instalaciones casi han logrado plena autosuficiencia energética con fuentes renovables, cubriendo sus enormes tejados con paneles solares. Una de las mayores, SnowWorld Landgraaf (Países Bajos), completó la instalación de 8000 paneles fotovoltaicos en su tejado a comienzos de año, uno de los mayores proyectos solares de Europa.

Y varias estaciones de esquí se han planteado construir centros de esquí cubiertos como parte de su oferta de pistas: en 2016, Tignes (Francia) anunció planes para construir una pista de 400 metros de longitud a un coste de 62 millones de euros, aunque su construcción todavía no ha empezado.

Las vacaciones de esquí en 2050

De este modo, todo apunta a que el futuro de las vacaciones en la nieve se verá influido por varios factores. A medida que los glaciares se deshielan y los grosores de nieve se tornan más inciertos, la expectativa es que las estaciones no dejarán de innovar para procurarse nieve en invierno.

Seguramente, la tecnología de generación de nieve continuará avanzando, y los sistemas de fabricación de nieve que no requieren temperaturas bajo cero elevarán más si cabe la capacidad. La nieve todavía se derretirá, pero las estaciones quizá sean capaces de producir suficiente nieve nueva para mantener abiertas sus pistas. Al mismo tiempo, se prevé una expansión continuada de las pistas de esquí cubiertas y de superficie artificial, lo cual acercará la nieve –eso sí, artificial y en espacios cerrados– a más gente. Asimismo, toda esta tecnología estará alimentada por energía renovable, en muchos casos generada en las propias instalaciones.

Por último, es probable que las estaciones de esquí sigan mirando más allá de la nieve, buscando el crecimiento de sus negocios de verano y ofreciendo una gama más amplia de opciones no limitadas a los deportes de nieve en los meses invernales, respondiendo así a las mayores exigencias de los usuarios durante su preciada semana en las montañas.

Con todo, en 2050 quizá ya no necesitemos nieve para practicar el esquí.

Los puntos de vista expresados en este artículo son los del autor y no deben tomarse como declaraciones de hecho.

Patrick Thorne, el "Snowhunter", ha sido escritor de viajes de esquí durante más de 30 años y es el editor de la revista InTheSnow, la publicación de esquí más leída del Reino Unido.

http://www.thesnowhunter.com/

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