Infraestructuras para el mundo del mañana

5 min de lectura 20 sept. 22

Invertir en infraestructura en pleno auge inflacionario

Parece mentira lo que pueden cambiar las cosas en un año. Mientras que en el verano de 2021 las subidas de los precios de consumo se consideraban como un fenómeno transitorio y no preocupante, este año es difícil ignorar la subida del coste de la vida. La inflación también ha afectado a los mercados de renta variable, y los inversores buscan activos con potencial de soportar mejor que otros el efecto corrosivo de las subidas generalizadas de los precios.

Contexto

La inversión en infraestructura ha brindado protección frente a la inflación en episodios previos. Por ejemplo, los datos a largo plazo desde el 31 de diciembre de 2002 hasta el 31 de marzo de 2021 de los índices S&P Dow Jones analizados en un informe del año pasado, muestran que los indicadores Dow Jones Brookfield Global Infrastructure y S&P Global Infrastructure batieron al S&P Global Broad Market en una rentabilidad anual media en tasa interanual del 3,1% y del 2,4%, respectivamente, en meses de inflación elevada. En meses con inflación baja, el Dow Jones Brookfield Global Infrastructure superó ligeramente al S&P Global Broad Market, mientras que el S&P Global Infrastructure quedó rezagado.

¿Cobertura de inflación?

Uno de los motivos por los que la infraestructura puede verse como potencial cobertura de inflación es que muchos de los flujos de renta que generan estos activos están ligados a la evolución de los precios. Los contratos pueden estipular que pagos regulares como las regalías deben vincularse alguna medida de inflación, y en otros casos, la ley puede obligar a realizar pagos ligados a la inflación, como es el caso de los operadores de peajes en algunos países.

Por supuesto, una inflación creciente también significa tipos de interés al alza, lo cual probablemente afectará a los activos de infraestructura debido al subsiguiente aumento de la tasa a la que se descuentan sus flujos de caja. No obstante, este problema no afecta solamente a los activos de infraestructura, sino a la valoración de la práctica totalidad de las empresas.

A modo ilustrativo, algunos inversores consideran que las acciones de compañías de suministro público (un importante subsector de la inversión en infraestructura) son muy sensibles a cambios en los tipos de interés debido a su parecido a los bonos (al ofrecer pagos regulares similares a los pagos de intereses de los títulos de deuda). Sin embargo, en los últimos 20 años (un periodo que abarca distintos entornos de tipos), las utilities han superado al mercado de renta variable en su conjunto (Gráfico 1).

En nuestra opinión, esto se debe en parte al crecimiento a tasa compuesta de los dividendos elevados que se han tendido a pagar en el sector, pero también a que estas empresas se perciben cada vez más como protagonistas de la transición hacia soluciones de energía renovable.

Otro aspecto a tener en cuenta es que los tipos de interés reales (descontando la tasa de inflación) siguen sumidos profundamente en territorio negativo. Algunos comentaristas ven probable que los bancos centrales mantengan los tipos de interés reales negativos durante todo el tiempo que puedan, pues ello ayuda a reducir las cargas de deuda de los sectores público y privado.

Niveles de volatilidad crecientes

Otra cuestión que preocupa hoy en día a los inversores es la volatilidad. El índice de volatilidad VIX (también conocido como el «índice del miedo») subió a un máximo anual de 36,45 puntos el 7 de marzo, y aunque ha bajado desde entonces, a mediados de junio todavía rondaba los 34 puntos, frente a 17 puntos a fin de diciembre de 2021 y en torno a dicho nivel hace un año.

La invasión rusa de Ucrania, además de la inmensa tragedia humana que está provocando, es el principal factor tras el fuerte aumento de la volatilidad en los mercados financieros. El riesgo de una dependencia excesiva del gas ruso ha pasado a un primer plano, no solo porque se trata de un recurso politizado bajo el control de un régimen impredecible, sino también porque el gas se transporta a través de redes de gasoductos ubicadas en la Europa del Este.

Un motivo por el que la infraestructura cotizada podría mostrar menos volatilidad es la mayor predictibilidad de los beneficios de las empresas en esta clase de activos, gracias a sus flujos de caja regulares. Esto permite una evaluación más precisa de las valoraciones, incluso en fases de incertidumbre.

Una comparación de la evolución del beneficio bruto de explotación antes de la deducción de impuestos, amortizaciones, depreciaciones e intereses (EBITDA, por sus siglas inglesas, una medida del desempeño financiero de una organización) entre el índice Global Listed Infrastructure Organisation (GLIO) y la renta variable global muestra que los beneficios del sector de infraestructura han sido superiores a los de las compañías globales en las dos décadas previas al COVID-19 (Gráfico 2). 

Lo más probable es que la recuperación tras la pandemia requiera una gran inversión en la clase de activos a nivel mundial. De hecho, gobiernos de todo el mundo ya han anunciado varios planes de invertir en infraestructura para respaldar a la economía mundial tras la pandemia de COVID-19. En Estados Unidos, un programa de 1,2 billones de dólares se propone reparar, modernizar y ampliar la infraestructura deteriorada del país. Por su parte, la Unión Europea se ha volcado en la agenda verde para tratar de fomentar las energías renovables y el transporte limpio.

Además de las renovables, creemos que la infraestructura cotizada podría beneficiarse de otras tendencias estructurales a largo plazo, como por ejemplo la conectividad digital y la demografía, temas potentes que en nuestra opinión se prolongarán durante muchas décadas. En tal entorno, las oportunidades a largo plazo en infraestructuras cotizadas nos inspiran un gran optimismo.

Invertir en un futuro mejor

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