Renta variable
7 min de lectura 2 feb. 26
2025 ha sido un año excelente para la renta variable de mercados emergentes (ME), que ha registrado su mejor rentabilidad anual desde 2017, unos 10 puntos porcentuales superior a la de los mercados desarrollados (MD). En un entorno de turbulencias geopolíticas y económicas, este resultado superior demuestra que los inversores comienzan a darse cuenta de la mejora fundamental y de la resiliencia inherente de la clase de activos. Tras verse ignorados durante varios años, los ME suscitan un interés creciente, sobre todo ahora que el excepcionalismo estadounidense se ha puesto en duda.
Michael Bourke, Responsable de renta variable emergente en M&G Investments, comparte con nosotros sus perspectivas sobre los motores de la evolución superior de los ME y de la mejor rentabilidad de las empresas de este universo, comenta también dónde detecta oportunidades prometedoras, y explora en último lugar si los ME podrían estar a punto de volver a un primer plano.
Las ganancias registradas por los ME han obedecido a múltiples factores, como la debilidad del dólar estadounidense, el entusiasmo en torno a la inteligencia artificial (IA) y el descenso de las tensiones entre Washington y Pekín. Las acciones de ME han participado en el bum de la IA: el lanzamiento del modelo DeepSeek hizo patente el avance de China en esta área, mientras que compañías de Corea del Sur y Taiwán producen los chips de memoria necesarios para la revolución de la IA.
En ciertos mercados (sobre todo Corea del Sur, China y México) una proporción significativa de las rentabilidades ha obedecido a aumentos de valoración, con lo que estas acciones se han encarecido. Esto se ha debido al optimismo en torno a sus beneficios futuros, que en nuestra opinión veremos el año que viene.
Con todo, creemos que este rally de los ME en 2025 refleja una expansión de las valoraciones bien respaldada por las estimaciones de beneficio futuro.
Creemos que 2026 podría ser otro año positivo en los ME, cuyo entorno macroeconómico parece propicio para los beneficios corporativos: las economías de ME continúan creciendo a mayor ritmo y presentan mejor salud financiera que las de MD, que acusan mayores niveles de endeudamiento y balanzas fiscales más precarias. Este entorno podría ser favorable para las empresas, y la expectativa es que sus beneficios serán un importante motor de rentabilidad bursátil: las estimaciones de consenso prevén un crecimiento del 17% en 2026 y del 12% en 2027.
El mercado anticipa tres recortes de tipos por parte de la Reserva Federal estadounidense en 2026, lo cual brindaría más flexibilidad a los bancos centrales de ME: unos tipos de interés más altos en EE. UU. suelen reducir el atractivo de los activos de estos países. Los ME podrían ser escenario de nuevas medidas de relajación monetaria, susceptibles de respaldar a la actividad económica. Por último, podríamos ver un dólar estructuralmente más débil si una rentabilidad macroeconómica y bursátil «menos excepcional» en EE. UU. erosiona la valoración todavía elevada del billete verde.
Es cierto que los ME han mostrado debilidad bursátil en la última década, tanto en términos absolutos como comparado con los MD. El «rally» no ha hecho más que devolver al mercado a su nivel de comienzos de 2021, así que, pese a esta fortaleza, hacía tiempo que las perspectivas a largo plazo de los ME no nos inspiraban tanto optimismo.
En el pasado, la rentabilidad de los ME respecto a los MD se ha movido en ciclos, y los diferenciales de crecimiento han sido a menudo un importante motor de rentabilidades superiores. Creemos que podrían estar surgiendo condiciones propicias para mejores niveles de rentabilidad relativa de los ME de cara a la próxima década.
Para empezar, vemos valoraciones muy elevadas en la bolsa americana y un posicionamiento de valoración mucho mejor en los ME. Además, creemos que el panorama de beneficio es más alentador en el universo emergente. Uno de los motivos de su evolución inferior en la década pasada ha sido su bajo crecimiento del beneficio. La buena noticia es que las condiciones están comenzando a mejorar ahora que las empresas (sobre todo en China) están asignando mejor su capital.
Los niveles de rentabilidad aportados por las compañías de ME en los últimos dos años ha aumentado hasta los máximos alcanzados en la última década, y esta tendencia nos parece bien respaldada. Las estimaciones de beneficio para los ME en los próximos 10 años apuntan a una mejora de los diferenciales de crecimiento, lo cual augura una rentabilidad potencialmente superior respecto a los MD de cara al largo plazo.
Estas rentabilidades más altas se ven reflejadas en mayores valoraciones: ahora, el mercado cotiza en un ratio precio/beneficio (PER) de 14 veces, por encima de la media de la década pasada. No obstante, ello nos parece justificado por los mayores niveles de rentabilidad corporativa.
Los inversores llevan tiempo desconfiando de la bolsa china, que hasta hace poco describían como un mercado «en el que es imposible invertir». Sin embargo, el optimismo espontáneo está despertando: Hong Kong ha registrado un volumen de inversión récord procedente de la China continental en 2025, y los inversores extranjeros también han vuelto.
El atractivo de las acciones de IA chinas y las nuevas emisiones han atraído capital. Además, los tipos de interés en China son muy bajos (en torno al 1%), lo cual ha animado a los ahorradores a colocar su dinero en los mercados de renta variable.
Uno de los principales temores de los inversores en torno a China ha sido la prolongada crisis de su sector inmobiliario. El exceso de oferta de inmuebles y las caídas de los precios han tenido un efecto riqueza negativo, pero creemos que el bajón de la vivienda ha tocado fondo. La obra nueva ha disminuido, lo cual está ayudando a reducir los niveles de existencias y conduciendo a una mejora general de la actividad económica.
Por lo demás, las prioridades de Pekín en su próximo plan quinquenal son interesantes. Las autoridades comienzan a concentrarse en un crecimiento de mayor calidad y se está hablando de una mayor autosuficiencia tecnológica, lo cual guarda relación con los semiconductores y el equipamiento relacionado con la IA.
El sector tecnológico nos parece muy excitante, y DeepSeek reveló las capacidades de IA de China. Cabe destacar que el país ha optado por la vía de los modelos de IA de código abierto, lo cual podría conducir a una adopción y uso más amplios. Ello también podría hacer que las ventajas económicas se concentren más bien en los desarrolladores de aplicaciones que en los constructores de modelos, un aspecto que diferencia a estos modelos de los de Occidente.
Por lo que respecta la rentabilidad de las empresas chinas, su mejor asignación del capital y el potencial de mayores rentabilidades nos inspiran optimismo. Creemos que el país ha adoptado algunas de las medidas favorables para el accionista que hemos visto en otros mercados asiáticos, como por ejemplo subidas de dividendo y operaciones de recompra de acciones propias en compañías tanto privadas como estatales.
Pese a niveles de PIB más bajos en los últimos años, China se ha convertido en un mejor entorno para las empresas concentradas en la rentabilidad operativa y bursátil, y no en perseguir crecimiento a toda costa. Creemos que la bolsa china se está convirtiendo en un mejor lugar para invertir.
Por lo general, los inversores tienen asignaciones demasiado bajas a los ME, debido sobre todo al predominio de EE. UU. Para empezar, muchos fondos globales activos tienen una asignación a los ME inferior a la ponderación de este universo en el índice MSCI ACWI (cercana al 11%)1. Además, su peso en el indicador no refleja plenamente la importancia económica de los ME, que actualmente representan en torno a un 50% del PIB global. De esta manera, los inversores infraponderan los ME de manera tanto cíclica como estructural, con lo que podrían perderse muchas oportunidades prometedoras.
Creemos que los aspectos más atractivos de esta clase de activos son sus atributos de resiliencia y diversificación. Recientemente, la diversificación regional de los ME ha sido beneficiosa, ya que distintas regiones han mostrado una buena evolución en fases diferentes: el liderazgo del mercado ha rotado primero desde la Europa emergente hacia Corea del Sur y Latinoamérica, y después hacia China y Sudáfrica, ayudando al segmento a adelantar a la renta variable de MD.
El amplio abanico sectorial en los ME, que abarca desde las materias primas y la tecnología hasta los segmentos financiero, manufacturero y de servicios, contribuye asimismo a su resiliencia inherente. Esto significa que ningún factor macro individual (como por ejemplo el consumo doméstico, la demanda de exportación o las reformas) domina las rentabilidades.
En los ME, los distintos países y sectores muestran correlaciones divergentes, ofreciendo oportunidades para diversificar la exposición al riesgo. Al mismo tiempo, la renta variable emergente presenta una correlación baja con la de MD, lo cual también puede reducir el riesgo de cartera. Ahora que los inversores tratan de limitar su exposición a EE. UU. y la concentración de mercado, las acciones de ME podrían potenciar la resiliencia de sus carteras y las rentabilidades de inversión.
Somos selectores de valores con un enfoque bottom-up: nuestras inversiones son el resultado de la búsqueda de oportunidades en acciones individuales con valoraciones atractivas, y no de perspectivas generales sobre países y sectores. Dicho esto, actualmente tenemos asignaciones significativas en ciertos países donde vemos oportunidades más prometedoras.
Por ejemplo, las valoraciones en Brasil nos parecen atractivas: muchas acciones son aún baratas respecto a sus fundamentales, y las condiciones domésticas están mejorando al relajarse la política monetaria. Indonesia es otro mercado cuya ponderación hemos venido aumentando últimamente, al encontrar más ideas con potencial alcista que en el norte de Asia; sus valoraciones nos parecen atractivas, y creemos que la rentabilidad de las empresas todavía es sostenible. Otro mercado que en nuestra opinión podría seguir sorprendiendo a los inversores es Sudáfrica: vemos numerosos candidatos para mejorar la rentabilidad cotizando en valoraciones atractivas, y los cortes de electricidad en el país han disminuido, lo cual podría ayudar al crecimiento económico y redundar positivamente en el beneficio corporativo.
En primer lugar, somos inversores activos y tenemos libertad para buscar valor en todo el universo emergente. Dada la divergencia entre valoraciones y rentabilidad corporativa visible a menudo en los ME, contar con flexibilidad para mover el capital, aprovechar anomalías y encontrar oportunidades en distintos mercados puede ser de gran utilidad.
Al mismo tiempo, nuestro horizonte a largo plazo nos permite beneficiarnos de la volatilidad que caracteriza a esta clase de activos. La renta variable de ME tiende a reaccionar de manera exagerada a conmociones externas, y estos altibajos nos brindan la oportunidad de aprovechar momentos de irracionalidad a corto plazo.
Desde 2009 hemos aplicado un proceso de inversión consistente y repetible que incorpora tres preceptos clave: rentabilidad del capital, valoración y alineamiento con los accionistas. Básicamente, nos concentramos en encontrar empresas que están manteniendo o mejorando su rentabilidad del capital, cuyas rentabilidades futuras son infravaloradas por el mercado, y cuyos intereses están alineados con los de los accionistas.
Una característica distintiva que en nuestra opinión es idónea para la naturaleza volátil de la inversión en ME es nuestra concentración en construir una cartera equilibrada. Invertimos en cuatro tipos de empresas con características diferentes, con objeto de aportar niveles consistentes de rentabilidad en distintas condiciones de mercado.
Como inversores disciplinados con un horizonte a largo plazo, creemos que nuestra estrategia bottom-up concentrada en la valoración representa un enfoque diferenciado de inversión en ME capaz de capturar con éxito las diversas oportunidades a largo plazo que ofrece la clase de activos.
El valor de las inversiones fluctuará, lo cual provocará que el valor de las participaciones se reduzca o se incremente. Es posible que no recupere la cantidad invertida inicialmente. Las rentabilidades pasadas no son un indicativo de las rentabilidades futuras. Los puntos de vista expresados en este documento no deben considerarse como una recomendación, asesoramiento o previsión.