Los argumentos a favor de la deuda emergente en siete preguntas

5 min de lectura 16 feb. 26

2025 ha sido un buen año para los inversores en los mercados emergentes (ME). En un entorno de malestar geopolítico y macroeconómico, la deuda de este universo (DME) ha mostrado resiliencia: los bonos soberanos denominados tanto en moneda local como en divisa fuerte han registrado subidas de doble dígito en lo que va de año, y la deuda corporativa ha registrado una evolución igualmente positiva. 

La fortaleza mostrada por la deuda de mercados emergentes (DME) no ha sido ni mucho menos un fenómeno confinado a 2025, sino que podría representar la evolución estructural del segmento. Los niveles crecientes de credibilidad de las políticas gubernamentales, de disciplina fiscal y de profundidad del mercado han ayudado a transformar la DME en una clase de activos potencialmente estable, que ahora cotiza con una volatilidad similar a la renta fija del universo desarrollado.

Esto es especialmente relevante en un momento en que el excepcionalismo de los Estados Unidos comienza a ponerse en duda, mientras otros mercados desarrollados también se enfrentan a dificultades políticas y al deterioro de las condiciones fiscales, una tendencia que seguramente no se resolverá en el corto plazo. Para los inversores interesados en diversificar sus carteras, ahora podría ser un buen momento para replantearse la DME.

En esta ronda de preguntas y respuestas, Charles De Quinsonas, Responsable de renta fija de mercados emergentes en M&G Investments, comparte sus perspectivas sobre los motores de rentabilidad de la región, la mejora de sus fundamentales y cómo M&G puede capturar oportunidades en esta clase de activos en plena evolución.

P. ¿Qué convierte a la DME en una clase de activo atractiva actualmente?

La DME es verdaderamente interesante ahora mismo. Este segmento ya solía ofrecer rentabilidades al vencimiento (TIR) atractivas y auténticas ventajas de diversificación, pero en los últimos años, su volatilidad ha disminuido hasta niveles mucho más cercanos a los que vemos en los mercados desarrollados, gracias a marcos de política más sólidos y a una mayor disciplina fiscal en muchos países de ME. Además de este cambio significativo, también vemos mejoras estructurales como menores ratios de deuda/PIB, políticas monetarias creíbles y perspectivas de fuerte crecimiento. De esta manera, la DME ha dejado de ser una apuesta meramente táctica y se está convirtiendo en una asignación estratégica para muchos inversores. Si a ello le añadimos la depreciación del dólar, los déficits crecientes en Estados Unidos y el malestar en torno a la sostenibilidad de la deuda en los mercados desarrollados, vemos que el entorno para los activos de ME podría ser bastante favorable.

P. ¿Qué dato concreto te parece más atractivo en este momento?

En mi opinión, la medida más destacada ahora mismo es la ventaja de TIR real. Muchos países de ME ofrecen TIR reales positivas, algo poco habitual en el universo desarrollado. En Brasil, por ejemplo, el banco central optó por subir el tipo de interés pronto y de manera agresiva (muy por delante de la Reserva Federal estadounidense), con lo que los inversores obtienen tipos de interés reales atractivos con una inflación bajo control. Otro dato a destacar es la calificación crediticia: 14 emisores soberanos de ME vieron revisada al alza su calificación en 2024, el mejor año en términos de revisiones netas desde 2011. Por lo que respecta al ratio de deuda respecto a PIB, las economías de renta media y de ME promedian en torno a un 75% frente al 110% de las economías avanzadas, lo cual refleja una mejora relativa a nivel presupuestario.

P. ¿Cómo se posiciona M&G para aprovechar estas oportunidades?

Nuestro equipo de DME aplica un enfoque claramente bottom-up: dedicamos mucho tiempo al análisis fundamental de países y emisores, combinando modelos cuantitativos con perspectivas cualitativas para detectar puntos de inflexión y evitar riesgos idiosincráticos. Analizamos la deuda soberana y corporativa de manera conjunta, no como segmentos separados, y empleamos herramientas propias para determinar su sostenibilidad y asignar calificaciones internas. Además, interactuamos directamente con los emisores y las autoridades, lo cual nos aporta una ventaja competitiva. Por último, tenemos uno de los mayores equipos de análisis de crédito de toda Europa, con más de 50 analistas con una experiencia media de 14 años.

P. ¿Ves algún país o sector individual más prometedor que los demás?

En general nos gustan los bonos denominados en moneda local de Latinoamérica, donde destacan países con tipos de interés reales elevados y una fuerte disciplina presupuestaria, como Brasil y México. También vemos muchas oportunidades en Asia central, en países como Uzbekistán, Kirguistán y Kazajistán. Por lo que respecta a la deuda corporativa, las compañías de ME con bajos niveles de apalancamiento y cobertura de intereses elevada nos parecen atractivas, especialmente teniendo en cuenta que sus diferenciales son más anchos de lo que justifican sus fundamentales. Lo bueno de la DME es su amplitud, con casi 100 países en los que poder invertir. Esto nos permite obtener exposición a tendencias estructurales como el traslado de las cadenas de suministro a países más cercanos o amigos («nearshoring»), el crecimiento del comercio regional y factores demográficos favorables.

P. ¿Cómo se diferencia M&G de otras gestoras en esta clase de activos?

Yo diría que lo hacemos en tres aspectos: flexibilidad, profundidad de análisis y experiencia. La ausencia de restricciones de nuestra estrategia nos permite capturar las mejores ideas del equipo en deuda soberana, corporativa y denominada en moneda local, y hacerlo de manera muy holística. Nuestro análisis es verdaderamente bottom-up, centrado en anticipar cambios de dirección y en gestionar el riesgo; este es uno de los pilares de nuestra actividad, ya que consideramos la diversificación y la no concentración como elementos clave de nuestra filosofía de inversión. Asimismo, contamos con uno de los equipos de analistas más sólidos de Europa, con lo que no dependemos de calificaciones emitidas por terceros.

P.  ¿Qué desarrollo crees que afectará más a los ME en los próximos años?

Existen varios temas de gran calado. El primero es el reforzamiento continuado de los marcos monetarios y fiscales en estas regiones, que podría representar un giro decisivo hacia una mayor estabilidad. El segundo son las tendencias demográficas: un 85% de la población mundial vive en ME, y muchos de estos países tienen poblaciones en edad de trabajar crecientes, lo cual puede respaldar el crecimiento a largo plazo. También existen giros estructurales como la transición energética, la realineación de las cadenas de suministro y la transformación digital. Por último, podría producirse una rotación sostenida fuera de carteras centradas en los Estados Unidos, a medida que los inversores ponen en duda el excepcionalismo americano y buscan crecimiento en otros mercados. 

P. ¿Cuál es tu previsión para los mercados de renta fija de ME?

La deuda de ME nos inspira optimismo. El «carry» es atractivo, sus fundamentales están mejorando, y las políticas gubernamentales nunca habían sido tan creíbles como ahora. La deuda denominada en moneda local nos parece especialmente atractiva, con TIR reales positivas y potencial de apreciación cambiaria si el dólar pierde terreno. Los diferenciales de los bonos en divisa fuerte son interesantes, aunque el segmento con grado de inversión comienza a parecer caro. En nuestra opinión, la DME ofrece renta, crecimiento y diversificación en un momento en que los mercados desarrollados se enfrentan a retos crecientes. Para los inversores que desean construir carteras resilientes, estos bonos podrían ser una asignación interesante.

El valor de las inversiones fluctuará, lo cual provocará que el valor de las participaciones se reduzca o se incremente. Es posible que no recupere la cantidad invertida inicialmente. Las rentabilidades pasadas no son un indicativo de las rentabilidades futuras. Los puntos de vista expresados en este documento no deben considerarse como una recomendación, asesoramiento o previsión.

Por Charles De Quinsonas, Director de renta fija de mercados emergentes

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