Narrativas que ocultan oportunidades en lugar de revelarlas

2 min de lectura 30 abr. 26

Michael Bourke,
Director de renta variable de mercados emergentes

Resumen

La renta variable de mercados emergentes (ME) comenzó 2026 habiendo experimentado un cambio de régimen decisivo en 2025, cuando el índice MSCI EM superó a los mercados desarrollados (MD) en unos 10 puntos porcentuales y cerró el año en torno a un 34 % al alza en dólares. La clase de activos amplió esa ganancia a comienzos del primer trimestre de 2026, con una subida cercana al 15 % en dólares a finales de febrero, por delante de los índices de referencia globales. Sin embargo, la guerra en Oriente Medio hizo mella en las bolsas durante marzo, y el índice retrocedió un 11 % desde su pico de febrero. En tal entorno, cabe preguntarse si el reciente renacimiento de los ME ha sido una moda pasajera, o si los fundamentales son suficientemente sólidos para superar este reto1.

Impulso y rotación por debajo de la superficie

Pese a estar repartida en un conjunto amplio de valores, la rentabilidad bursátil en 2025 distó de ser uniforme a nivel regional y sectorial. Por países, Corea del Sur protagonizó un repunte excepcional (del 100 %), China registró una fuerte recuperación (cercana al 31 %) y la bolsa India quedó considerablemente rezagada (con un alza de en torno al 4 %)2.

Por sectores, tecnologías de la información y el industrial realizaron algunas de las principales contribuciones a la rentabilidad de los ME, mientras que bienes de primera necesidad se rezagó; ello pone de manifiesto lo diferente que es la beta actual de los ME comparado con el antiguo paradigma centrado en las materias primas.

Fuente: LSEG Refinitiv, 6 de abril de 2026, índice MSCI Emerging Markets (rentabilidad total en USD para el año 2025). Las rentabilidades obtenidas en el pasado no son indicación alguna de rentabilidades futuras. Los inversores no pueden invertir directamente en índices.

Los flujos y el posicionamiento siguen siendo favorables, y los vehículos de ETF experimentaron entradas de capital considerables en ME en 2025 y comienzos de 2026. Las asignaciones agregadas globales son aún de ligera infraponderación, lo cual unido a la mejora de las medidas de beneficio y rentabilidad corporativa, ha permitido la buena evolución de las cotizaciones en el primer trimestre sin señales obvias de excesos de final de ciclo.

“Para los asignadores con enfoques activos, la clave es distinguir entre motores de beneficio duraderos y narrativas transitorias.”

Hechos: los fundamentales mejoran

El entorno fundamental ha cambiado claramente a favor de los ME. La expectativa de consenso es que el beneficio por acción en la región crecerá de un 17 % a un 23 % en 2026, cómodamente por delante de los MD y sumándose a una expansión del BPA estimada de en torno al 15 % en 2025.

La rentabilidad de los recursos propios está aumentando gradualmente en grandes mercados asiáticos como China, Corea del Sur y Taiwán, impulsada por mejores niveles de disciplina de capital y una concentración creciente en el valor para el accionista. Muchos bancos centrales de ME también llevan ventaja a sus homólogos desarrollados en el ciclo monetario, con una inflación en su mayor parte contenida y margen para implementar recortes de tipos adicionales dirigidos a respaldar la demanda doméstica. 

Las valoraciones, pese a no ser tan bajas como antes, todavía parecen razonables en su conjunto: tras el repunte, los ME cotizan en un ratio precio/valor contable (P/VC) de 2 veces y en un PER de 13 veces, y mantienen un descuento estimado del 40 % al 45 % respecto a los MD. Los ratios PER proyectados de en torno al 15 % para 2026 siguen estando por debajo de los máximos históricos y son bajos a la luz del perfil de crecimiento y de balances corporativos de los ME, sobre todo teniendo en cuenta que estos países tienen unas finanzas públicas estructuralmente más saneadas que sus homólogos desarrollados.

Modas pasajeras: narrativas que abordar con cautela

Varias narrativas populares podrían estar ocultando las oportunidades disponibles en lugar de revelarlas. La noción de que «la India solo sube» ignora el reciente rezagamiento del mercado respecto a los ME en su conjunto y su prima de valoración todavía elevada, incluso tras retroceder hasta un ratio PER de unas 19 veces. En cambio, la premisa de que «era imposible invertir en China» en 2024 era demasiado binaria dada la complejidad y la enorme variedad de opciones a disposición de los inversores en el gigante asiático, por no hablar de la postura más favorable de las autoridades, de la recuperación del beneficio en sectores clave de la nueva economía, y del papel de China en la «carrera armamentista» relacionada con la IA.

Otra perspectiva igualmente obsoleta es que los ME equivalen a beta pura de materias primas. Ahora, el índice MSCI EM está dominado por negocios tecnológicos y orientados al consumo; China, la India, Corea del Sur y Taiwán representan en torno a tres cuartas partes del peso del índice, así como gran parte del crecimiento del beneficio vinculado a los semiconductores, las plataformas digitales y el consumo de servicios doméstico. Tratar los ME como una simple apuesta por el crecimiento global o los precios del petróleo ignora estos cambios estructurales.

También persiste la idea de que la evolución de los ME depende en gran medida de los flujos de capital extranjero: en la mayoría de los grandes mercados de este universo, el comprador dominante ya es el local.

A las puertas del segundo trimestre

De cara al futuro, las cifras sugieren que el actual repunte de los ME se basa más en los hechos que en modas pasajeras, pero con una dispersión significativa. La depreciación del dólar, el peso aún bajo de este universo en las carteras de los inversores y un ciclo de beneficios más temprano y de mayor pendiente que en la mayoría de los MD crean un entorno favorable para la clase de activos para el resto de 2026. El daño causado por el conflicto en Oriente Medio todavía es incierto: cuanto más se prolongue, mayor será el riesgo de un bajón económico debido a la crisis energética, sobre todo en grandes importadores de energía como la India y Corea del Sur.

Las divisas, que siempre han sido un indicador de la aversión al riesgo, muestran todavía resiliencia; está claro que las autoridades descartan recortar los tipos de interés por el momento, pero las expectativas podrían aumentar en la segunda mitad del año si la actual crisis energética se convierte en una desaceleración económica a nivel global.

Para los asignadores con enfoques activos, la clave en 2026 no será tanto posicionarse en los ME como un bloque sino distinguir entre motores de beneficio duraderos y narrativas transitorias, lo cual encaja muy bien con las capacidades de selectores de valores como nosotros. En este contexto, seguiremos monitorizando nuestras posiciones y separando los impactos inmediatos de los desarrollos más duraderos. Los acontecimientos recientes nos han llevado a implementar solamente cambios ligeros en la cartera, recortando nuestras tenencias de energía y ampliando otras posiciones, por ejemplo en Taiwán. En general, seguimos infraponderando Oriente Medio.

 

1 Fuente: LSEG Refinitiv, 6 de abril de 2026, índice MSCI Emerging Markets, rentabilidad total en USD.
2 Fuente: LSEG Refinitiv, 6 de abril de 2026, índices MSCI, rentabilidad total en USD para el año 2025.

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