Renta fija
6 min de lectura 1 abr. 26
A medida que los inversores reevalúan los riesgos en los mercados globales de renta fija, creemos que Asia destaca como un mercado anclado por la calidad, impulsado por factores técnicos y por tendencias estructurales favorables.
Mientras continúa la guerra entre EE. UU. e Irán, se teme cada vez más que el conflicto tenga un impacto duradero sobre los precios del petróleo a nivel global. Los países importadores de energía, percibidos como vulnerables a un «shock» inflacionario, son los que más preocupan a los inversores. Asia se considera particularmente expuesta a este fenómeno, pero la intensidad petrolera de la región (su consumo de petróleo por unidad de PIB) ha disminuido de manera significativa con los años. Además, si comparamos las balanzas por cuenta corriente de países individuales como porcentaje de su PIB con sus importaciones de gas y petróleo, vemos que la mayor parte de Asia tiene un amplio superávit. De esta manera, creemos que estos países gozan de una protección inherente frente a la perspectiva de encarecimiento de las importaciones de crudo. Aunque el won ha sido la divisa de peor comportamiento, por ejemplo, Corea del Sur tiene uno de los mayores superávits por cuenta corriente de Asia. Pese a los temores del mercado, creemos que los fundamentales deberían acabar imponiéndose cuando vuelva la calma.
Muchos comentaristas han trazado paralelos entre la crisis actual y la experiencia de 2022, pero una diferencia clave (incluso respecto a crisis petroleras previas, como la de los años ochenta) es que la evolución actual de Asia está anclada en el ciclo de gasto en bienes de equipo relacionado con la IA. La región juega un papel esencial en la producción de semiconductores y en la cadena manufacturera de componentes electrónicos e informáticos. Esto ha brindado protección a las divisas asiáticas, que se han depreciado entre un 2 % y un 5 % frente al dólar desde que estallara la guerra, en lugar del 10 % de 2022.
Esto también refleja los factores técnicos subyacentes del mercado; en general, los inversores globales han continuado infraponderando las divisas asiáticas, con lo que el posicionamiento inversor ha sido reducido. Esto ha ayudado a limitar el impacto de los flujos subsiguientes de reducción de riesgo.
Como en el caso de la renta fija global, las rentabilidades al vencimiento (TIR) de la deuda asiática han subido de manera generalizada, ya que el mercado ha descontado la perspectiva de subidas del precio del dinero. No obstante, creemos que Asia está mejor posicionada que la Europa continental o el Reino Unido para hacer frente a las expectativas de subidas de tipos. Para empezar, las presiones inflacionarias en Asia han sido por lo general más comedidas. Incluso durante la pandemia, Asia no fue escenario de inflación desbocada, lo cual reforzó la credibilidad de los bancos centrales de la región. En segundo lugar, la mayoría de los países asiáticos registraron niveles de inflación inferiores al objetivo en el periodo previo al conflicto entre EE. UU. e Irán. Por consiguiente, si el precio del petróleo permanece en torno a los 100 dólares por barril y esto produce un fuerte pico inflacionario, ello no haría más que elevar la inflación al extremo superior del rango objetivo de las autoridades monetarias. En tal escenario, consideramos poco probable que se implementen subidas generalizadas de los tipos de interés en toda Asia. En renta fija, el valor es el principal motor de rentabilidad a lo largo del tiempo. Creemos que los precios en Asia son extremos, descontando subidas de tipos que en nuestra opinión no van a materializarse. Así, consideramos que ello ofrece una oportunidad a las gestoras activas.
Una de las principales tendencias que apuntaló la evolución de la renta fija asiática en 2025 fue la desdolarización. Como suele ocurrir en épocas de crisis, la huida de los inversores hacia activos refugio ha propiciado la apreciación del dólar, pero no creemos que esto vaya a ser una tendencia permanente.
El año pasado, los exportadores y las empresas asiáticas todavía mantenían un volumen récord de depósitos en dólares, al ofrecer mayores intereses que los depósitos en divisa local. No obstante, pensamos que este diferencial de tipos de interés va a estrecharse. La creencia de que el dólar siempre se fortalecerá ha dado paso a la idea de que las monedas asiáticas se apreciarán frente al dólar, lo cual está impulsando la conversión de estos depósitos nuevamente a monedas locales.
Esto se ve respaldado por la reciente actuación del Banco Popular de China, que ha orientado su gestión cambiaria a la apreciación del renminbi: la moneda se está apreciando claramente frente al dólar, y su evolución suele marcar la pauta de otras divisas asiáticas. Así, creemos que otros bancos centrales de la región podrían verse inclinados a permitir que sus monedas sigan el camino del renminbi, una vez surjan visos de estabilización. Esto marcaría una ruptura con el pasado, cuando operaban convencidos de que una moneda débil redundaría positivamente en sus exportaciones. Ahora, sobre todo considerando la fuerte subida de los precios del petróleo, las autoridades monetarias desearán una apreciación de su moneda para limitar las presiones inflacionarias. Lo último que querrán es tener que subir su tipo de intervención en plena escalada de los precios del crudo.
Un factor que pone de relieve la resiliencia de Asia es la calidad de su mercado de renta fija. Aunque muchos inversores consideran que los mercados de deuda de la región son arriesgados como resultado de la crisis inmobiliaria china, esta percepción es errónea. Con menos de un 1 % de la deuda asiática denominada en dólares, la deuda inmobiliaria high yield china no es más que una pequeñísima parte de un mercado caracterizado por su alta calidad.
Con un valor de 1 billón de dólares, el mercado de deuda asiática denominada en la divisa estadounidense es básicamente un mercado con grado de inversión con una calificación crediticia media de BBB+. Entre un 60 % y un 70 % de sus emisores tienen calificaciones estrechamente vinculadas con su deuda soberana, lo cual representa un ancla estable: la mayoría de los bonos soberanos de Asia son «investment grade».
Con un volumen cercano a los 12 billones de dólares, el mercado de deuda asiática denominada en moneda local es mucho más grande y tiene una calificación media muy elevada (A), gracias sobre todo a la mayor proporción de deuda soberana. No obstante, este mercado también tiene una exposición del 10 % a empresas del continente: este componente aporta «carry» y nos permite mitigar la volatilidad de la deuda pública local.
Históricamente, el mercado de deuda con grado de inversión denominada en dólares ha mostrado menos volatilidad que la deuda pública estadounidense en los últimos 10 años, y ha aportado rentabilidades más elevadas. En parte, esto se debe a que la deuda asiática en dólares tiende a tener una menor duración que los «treasuries», además de ofrecer niveles superiores de TIR. Por su parte, los bonos asiáticos en moneda local presentan una volatilidad similar a la de la deuda soberana global, pero una mayor rentabilidad en los últimos 10 años. Estos perfiles de riesgo/rentabilidad históricos más atractivos reflejan las características defensivas de los mercados, al tiempo que aportan a los inversores una prima de renta razonable a lo largo del tiempo.
El valor de las inversiones fluctuará, lo cual provocará que el valor de las participaciones se reduzca o se incremente. Es posible que no recupere la cantidad invertida inicialmente. Las rentabilidades pasadas no son un indicativo de las rentabilidades futuras. Los puntos de vista expresados en este documento no deben considerarse como una recomendación, asesoramiento o previsión. La información facilitada no debe considerarse una recomendación de compra o venta de ningún valor o título específico.